El Estado nación monocultural frente a las prácticas políticas plurales y comunitarias.

por Fabián Cevallos Vivar

El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza”. Eduardo Galeano. Días y Noches de Amor y Guerra.

Producto de la crisis múltiple del Estado nación, las movilizaciones y luchas sociales abren caminos y retoman las demandas populares. Esperanzas y utopías se entrelazan en un horizonte histórico-cultural para la construcción de un nuevo proyecto civilizatorio. Por un lado, continuidad, modernización y reproducción del modelo neo-extractivista de capitalismo dependiente; por otro lado, transformación pluralista, comunitaria, autonómica y autogestionaria, intercultural y participativa.

Frente a la regresión y a la restauración conservadora, ante la sumisión y supeditación de intereses de las nuevas burguesías, el Estado Plurinacional intercultural procura la descolonización del Estado, exige la disolución del Estado nación y retoma las iniciativas que se gestan en el ámbito comunitario popular y autonómico. Desde ningún punto de vista se puede continuar defendiendo la inmovilidad o el fin de la historia implícita en la forma de Estado-nación, sostener esta tesis implicaría el fin de la política.

Las transformaciones profundas obligan a adoptar formas plurales en los ámbitos institucionales, administrativos, normativos y en la propia gestión del Estado. Para ello es indispensable asumir la tarea de realizar aprendizajes colectivos, planificaciones integrales, participativas y con enfoques territoriales.

A partir de un nacimiento incesante, la política se encuentra en un proceso de lucha permanente, cuyo objetivo es la articulación de la utopía con la realidad. En algunos casos, se plantea la realización de utopías realistas que se pueden encontrar en matrices culturales de los pueblos. Su emergencia y posicionamiento en los espacios-tiempos busca irrumpir con la aparente estabilidad, seguridad y confort otorgado por el paradigma de dominación. Su principio es que nada puede regresar al “estado inicial”; todo tiene que cambiar, aunque el proceso de cambio se encuentre actualmente manipulado por el conservadurismo.

Se necesita romper con el diagrama cartográfico que contiene el mapa institucional de las realidades. La tarea de los movimientos emancipatorios implica no solo afectar el escenario político, entendido como ocupación de instituciones de gobierno y del Estado, sino que su acción deberá aspirar la modificación de las condiciones mismas de los espacios, inventar nuevos espacios y tiempos, reterritorializar y cambiar sus condiciones de vida. El planteamiento inicial no es únicamente estar contra las formas de poder y dominación, el objetivo es salir de la historia lineal y unidireccional para escribir otras historias, de maneras diferentes.

Por un lado, la visión comunitario-popular implica considerar que las personas construyen procesos históricos de cambio en interrelación con una serie de confederaciones, colectivos, movimientos, nacionalidades, pueblos, organizaciones, que actúan de manera dinámica dentro de los hechos sociales; por otro lado, es importante tener presente que todo el activismo social responde a imaginarios colectivos que se reflejan en prácticas, participaciones, relaciones e incidencia en los hechos.

Los perfiles individualistas y las estructuras subjetivas egoístas se podrían convertir en limitantes de los procesos que tienen una matriz comunitaria, en la que priman las lógicas de circulación de ideas y debates, así como el carácter dialógico de las críticas. Participación y construcción colectiva de las decisiones políticas, son la muestra de un procedimiento de ampliación democrática y de otras formas de gobierno que se rigen por principios de autodeterminación.

Las figuras del caudillista, del especialista, el jefe, el experto, el clarividente, el estadista, no tienen cabida en un proceso compuesto por colectividades en tanto que estas impiden construir conocimientos y políticas de manera participativa y comunitaria. Es una tarea pendiente destruir el perfil heteropatriarcal dentro de la política que se cierra ante las formas plurales y fluidas de relacionamientos, intersubjetividades dinámicas y a las potencialidades creadoras colectivas.

No podemos olvidar que en estas personalidades se representa el imaginario colectivo impulsado por las masas sociales que los inventa y proyecta sus esperanzas. Mesías, portadores de cambio y figuras que anuncian los tiempos de cambio, existe una multiplicidad de figuras e individualidades que asumen las contradicciones de la historia política interna, de herencia colonial, en la que criollos y mestizos representaban los proyectos republicanos.

El proyecto liberal se caracterizaba por esta separación de roles. Los gobernantes se autocalifican como los únicos autorizados a dictar cátedra, tomar decisiones y cooptar el lenguaje de la política, mientras que a los pueblos los considera como espectadores, sin ningún poder de decisión. Estas figuras más bien contribuyen a la reproducción del poder de las élites y a la escisión entre pueblos y gobierno. No se “gobierna obedeciendo” y no hay un gobierno de los pueblos y nacionalidades, tal como requiere un país Plurinacional intercultural comunitario y autonómico.

La crisis del Estado nación expresa la inconformidad de las personas con el proyecto de la modernidad-desarrollista que despoja bienes comunes a gran escala, a través de megaemprendimientos como en el caso de la megaminería, la ampliación de las fronteras petroleras, producción de biocombustibles, mega represas hidroeléctricas.

Los caudillos, que son figuras construidas como producto de las luchas anti-neoliberales anteriores, tienen perfiles contradictorios. Coinciden más bien con el imaginario, siempre inconcluso, de la modernidad eurocéntrica, desarrollista, neo-extractivista cuyo eje político es el imaginario nacional popular, ciudadano, monocultural, unilineal, clasista, racial, democrático representativo y que defiende un Estado burocrático, centralizado y normativas administrativas liberales.

Es inaceptable continuar con un modelo de explotación, desigualdad, discriminación y sometimiento, así como es inaceptable la violación permanente de varios tipos de derechos  (individuales, civiles y políticos; derechos sociales; derechos colectivos; derechos de la Pachamama). Es insoportable continuar con un Estado nación subalterno que transfiere materia prima al mercado mundial y a las potencias emergentes, BRICS. Hay posibilidades de optar por modelos económicos alternativos que tienen como fundamento la salida del extractivismo y cuyo eje central es la soberanía alimentaria, bajo el condicionamiento del mandato ecológico de los derechos de la Pachamama. Es inviable continuar por el camino del saqueo, el despojo y la destrucción de la Madre Tierra.

Es preciso desmantelar el mapa de las estructuras y las relaciones de poder que determinan y orientan las formas de gobierno. Esto deberá ser una tarea de la diversidad infinita de movilizaciones populares que se gestan y que reclaman una transición civilizatoria. Varios mundos alternativos muestran que es posible construir alianzas desde experiencias, saberes, prácticas y acciones colectivas.

La memoria patriarcal entra en conflicto con los grandes desafíos del momento. Se trata del lugar más conservador que está presente en los análisis, toma de decisiones, estructuras y formas de poder. Se asienta en ignorar la participación política de las mujeres, así como sus aportes para construir horizontes civilizatorios diferentes. Por el contrario, se trata de destruir la relación jerárquica en tanto que esta ruptura permite abrir relaciones horizontales que posibiliten la crítica y el debate. Este no es un desafío menor, en el Estado se encuentra arraigada la historia de conformación de estructuras agrarias, que reforzadas por las formas coloniales, capitalistas y las religiones monoteístas, revitalizaron el carácter patriarcal en las sociedades.

No se puede soportar ninguna forma autoritaria, ni las limitaciones que se establecen cuando se ejercen derechos, democracias comunitarias y participativas, así como ciudadanías plurales. El cuestionamiento será completo solo en la medida en que derrumbe esta matriz patriarcal sobre la cual se levanta el Estado y en cuyo interior se originan figuras políticas como la del caudillo que personifica y usa todos los significados y símbolos del Estado patriarcal.

Pero esta relación no es unívoca, en ella tienen responsabilidad pueblos y caudillos en la medida en que son productos históricos y es el pueblo mismo el que los inventa. Organizaciones, movimientos sociales, conglomerados no pueden ceder espacios ante la figura de un líder o de un “padre de la patria”. Las luchas sociales se dan en la medida en que cada conglomerado político asume su responsabilidad política y se moviliza, con formas de organización que expresan la voluntad general, de las multitudes y que son producto de procesos deliberativos.

En este sentido, la crisis en las representaciones obliga a abandonar las formas delegadas de democracia representativa. Más bien se demanda construir relaciones solidarias a partir de las diversidades subjetivas. Si el Estado nación convive con las formas gubernamentales de partidos y caudillos, los movimientos sociales promueven en la práctica la realización de asambleas, cabildos, circulación de saberes y participación colectiva. Autogestión y poder de autoconvocatoria, reapropiación de los espacios comunitarios, plazas y calles que ponen en declive las propuestas anacrónicas que aún construyen figuras políticas omnipresentes, que tienen respuestas omniabarcativas.

La autoridad patriarcal sirve sólo para mantener el estado de las cosas, reproduce la sumisión, dependencia y clientelismo. El hiperpresidencialismo contribuye a restringir los procesos deliberativos; coarta el derecho a convocar a consultas populares; a ejercer el derecho a consultas previas, libres e informadas en las comunidades; copta todos los poderes del Estado; concentra todo el poder en un modelo Estado céntrico y reproduce el poder de las élites dominantes y de las burguesías emergentes.

En la situación actual, la construcción de respuestas consensuadas, críticas, participativas, deliberativas, de contrastes, incorporación de saberes y sabidurías comunitarias es un proceso altamente complejo y requiere de procesos dialógicos pluralistas. El Estado nación mediante su lógica centralista, monopólica, elitista, liberal, meritocrática, ha sido incapaz de dar respuesta a la crisis ecológica, energética, soberanía alimentaria, transgénicos, alternativas al desarrollo, derechos de pueblos y nacionalidades indígenas, derechos de la Pachamama, alternativas de transición al modelo neo-extractivista.

Rafael Corrêa

Sobre a imagem: El presidente ecuatoriano acompañado de sus edecanes el día de su informe de labores anual (2015). Recorría las calles de Quito en un hummer del ejército, su figura patriarcal se imprime en cada acto público y en cada discurso. Su gobierno se fundamenta en la instauración de un modelo modernizador del capitalismo, recolonizando el Estado a través del carácter neo-extractivista, primario-exportador, desarrollista, monocultural y racial.


Fonte da imagem: https://estadodepropaganda.files.wordpress.com/2015/05/correa-en-el-hummer-2.png Fecha de acceso: 17 de Junio de 2015.

 

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