Desmercantilizar y descolonizar la Naturaleza: una breve reflexión sobre la idea de “Bienes Comunes”.

por Fabián Cevallos Vivar.

El pensamiento de la modernidad se sustenta en una visión antropocéntrica del mundo. El Ser Humano, desde una perspectiva unilateral, es concebido como un ser “racional” que debe ejercer su capacidad “superior” sobre los demás seres. Se establece una separación entre el Ser Humano y la Naturaleza que domina las esferas de la economía, la filosofía, la cultura, la política y la sociedad de manera general.

El sistema Capitalista de producción que concibe al tiempo de manera lineal y unidireccional, busca de manera teleológica el “progreso y el desarrollo.” Existe una urgencia de encaminar a las naciones por la vía correcta de la modernidad, para los países con abundancia en Bienes Comunes, la receta consiste en presentar a la naturaleza como un “recurso”, según esta concepción es necesaria la apropiación –privatización- de los denominados “recursos naturales” que nos permitan tener una mayor acumulación de capital.

Un camino circular que ratifica lo que autores como Alberto Acosta y Boaventura de Sousa Santos, Joan Martínez Alier, han denominado como “la maldición de la abundancia”, un concepto que permite responder a la pregunta: ¿Por qué las comunidades que tienen mayores riquezas naturales son al mismo tiempo los que tienen mayor pobreza, grandes conflictos sociales y en algunos casos ha representado la desaparición de poblaciones enteras?

Frente a esta concepción que nos ha llevado a la mercantilización de la Naturaleza, proponemos otro concepto que re-surge a partir de los movimientos sociales, la noción del “Bien Común”.

Como sabemos la mercantilización de la Naturaleza está dentro de un paradigma que impide el devenir natural de sus ciclos vitales y produce daños ambientales que son irreparables. Las decisiones sobre el uso y la explotación de la Naturaleza son tomadas en cuenta únicamente considerando su valor económico. Se comercializa la Naturaleza y se produce la “expropiación por acumulación” que son ratificados por discursos gubernamentales neo-desarrollistas y neo-coloniales.

La acumulación por desposesión es un modelo que coloca el capital transnacional, para mercantilizar lugares que estaban cerrados, impedidos y mantenían otras lógicas opuestas a los mercados capitalistas en el mundo. Como sabemos, la valoración puramente económica se reproduce constantemente y con ella, sus males, como por ejemplo, la concentración del poder decisorio, es decir, quien decide lo que se hace en los territorios, por lo general este poder está en manos de un Estado-Nación, con características monoculturales, por lo tanto, sus proyectos no consideran la diversidad de pueblos y nacionalidades que viven en los territorios ni sus maneras de pensar, ser, actuar, sentir o de identificación con el cosmos.

La sobreexplotación y exportación de la naturaleza está siendo ejecutada a través de megaproyectos por las empresas transnacionales, gracias al consentimiento y a la colaboración de los Estados y las “nuevas élites” económicas y políticas en nuestros países.

Los problemas de este tipo de neo-desarrollismo, son mucho más evidentes cuando estas actividades son realizadas sin ningún tipo de consulta a las comunidades o pueblos afectados. El discurso de la modernidad cientificista, permite justificar todo tipo de actividad extractiva-destructiva en las que se señala que se usarán “tecnologías avanzadas” son claros los ejemplos en la explotación petrolera, la minería a gran escala, la introducción de semillas transgénicas, los monocultivos, los biocombustibles.

Debemos anotar que sobre la base a las experiencias de las industrias extractivas en todos los campos, los “inventos tecnológicos” en la lógica de mercado tienen únicamente tres objetivos: a) producir más rápido y masivamente; b) producir con el menor costo posible; y, c) producir con el menor esfuerzo humano al tiempo que reduce la mano de obra.

El papel de los países del “sur global” está determinado por la división geopolítica del mundo que refuerza la globalización comercial y financiera con características multipolares de la economía. El grupo de países conformados por los BRICS avanzan en la competencia por apoderarse de la materia prima en el mundo dentro del marco del paso del Consenso de Washington al Consenso de los Comodities o Consenso de Beijing, como señala Maristella Svampa.

No importa que se trate de gobiernos de derecha de izquierda. La colonialidad se manifiesta de diversas maneras y tiene la capacidad de auto-regeneración. Desde nuestra perspectiva, en varios países del sur se está re-editando, el rol pasivo de ser exportadores de naturaleza.

El modelo neoextractivista tiene la capacidad de imponerse en las comunidades, apropiarse de sus riquezas naturales, desplazar a los habitantes de los territorios originarios, destruir la Naturaleza e imponer nuevas maneras de ser, pensar y actuar propias de la globalización hegemónica. Su mecanismo de imposición es mediante la fuerza, la militarización, la persecución de las voces opuestas a estos proyectos y la criminalización de la protesta social, en algunos casos mediante el uso de la figura legal de “sabotaje y terrorismo”.

Ante esta realidad adversa para el destino de los Seres Humanos y de las especies que habitan en las zonas de megadiversidad y con el objetivo de impedir la falta de participación en la toma de decisiones sobre los proyectos de neo-extractivismo, desde los movimientos sociales se presenta la propuesta de los “Bienes Comunes”, que por ser comunes, permiten una mayor democratización y el camino hacia la desmercantilización y descolonización de las relaciones y de la Naturaleza en lo relacionado a su uso, destino y explotación.

En cada decisión sobre el uso de un “Bien Común”, debemos participar todos los colectivos y habitantes del país. Por ejemplo, mientras que para nosotros el uso del agua es un bien común. Las empresas y gobiernos la calificarán como un “recurso natural” o como un insumo de mercado.

Dejamos atrás las nociones de “bien público” controlado por el Estado-Nación, que ejerce su jurisdicción sin tener la obligación de consultar a las comunidades. La idea de Bienes Comunes implicaría que ni los individuos particulares, ni los Estados, tendrían jurisdicción plena sobre ellos. Desde este punto de vista nos acercamos mucho más al paradigma del Buen Vivir, que defiende los derechos de la Naturaleza al considerarla como un sujeto y no un objeto de apropiación privada o pública.

Se profundiza una verdadera democracia que permite que las comunidades participen plenamente y efectivamente en la toma de decisiones sobre lo que acontece con sus territorios de manera colectiva, mediante asambleas comunitarias, o mediante el uso de otro tipo de manifestaciones de democracia.

Con esta idea, también buscamos acabar poco a poco con el neocolonialismo. Cuando los pueblos buscan la re-valorización de una diversidad de maneras de saber, de conocer, de aprender, de ver el mundo, de sentirlo. Los bienes comunes se convierten en momentos, espacios, tiempos, que permiten la oportunidad para que las diversas experiencias pre-existentes, las economías solidarias y populares, las cosmovisiones, las diferentes maneras de identificarse con la Naturaleza se manifiesten.

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