El ‘Buen Vivir’, una alternativa al desarrollo

por Fabián Cevallos Vivar.

La búsqueda de alternativas es la conditio sine qua non de sobrevivencia de la Naturaleza y de la especie Humana. Las reformas y ajustes puramente instrumentales dentro de la ideología neo-desarrollista, son insuficientes y no resuelven los problemas de fondo, así pues, se constituyen como arreglos parciales, a corto plazo y sin efectividad. Pero: ¿Cómo poder construir una alternativa que sea inclusiva y opuesta al desarrollismo?

En realidad, el debate está puesto en marcha gracias a las luchas de los movimientos sociales, pueblos indígenas y afrodescendientes. Se trata de dar un giro civilizatorio a una serie de concepciones tales como: recursos naturales, desarrollo, tierra para reforma agraria, Estado-Nación, ciudadanía, descentralización. Pero frente a ellos está la construcción de sus contra-conceptos: Pacha-Mama o Madre Tierra, Sumakawsay o Buen Vivir, concebir la tierra como requisito de dignidad y autonomía, Estado Plurinacional en diálogo intercultural, la sociedad como una comunidad, los derechos como colectivos, y el autogobierno como indígena-campesino originario que respeta sus formas de cultura, pensamiento, idioma y manifestación. Estas, entre otras ideas, fueron  retomadas en los procesos políticos Constituyentes de Ecuador y Bolivia y son partes esenciales de la declaratoria de sus principios.

El origen del “Buen Vivir”, lo hemos de encontrar en los saberes ancestrales andinos (Sumak kawsay, Ecuador; y, Suma Qamaña, Bolivia), aunque no ha de quedarse limitado a ellos. Elementos propios de sus concepciones se pueden hallar en otros pueblos indígenas y sus diferentes cosmovisiones, además es importante señalar que se alimenta de los aportes y críticas a la modernidad-eurocéntrica, antropocentrismo, a la racionalidad instrumental y pragmatista, como por ejemplo: el ecologismo biocéntrico y el feminismo.

El modelo del “Buen Vivir”, en principio, busca generar una ruptura con el antropocentrismo, otorgándole valores propios a la Naturaleza (La naturaleza es un sujeto de Derechos y no un objeto o “recurso natural”). Necesitamos recuperar las armonías con nosotros mismos; la armonía con el entorno social o las comunidades; y, la armonía con la Naturaleza. En este sentido podríamos hablar no sólo de un Buen Vivir, sino de Buenos Convivires.

Genera un cambio en la perspectiva eurocéntrico-moderna que concibe al Ser Humano como un Ser únicamente racional. Frente a ello propone concebirlo en su pluralidad de capacidades sin establecer barreras entre la parte emocional y racional del Ser Humano, ya que los considera como dos componentes de la racionalidad humana. El Ser Humano se convierte así en un ser pluridimensional integral y en un actor necesario para generar propuestas en las comunidades como agentes políticos y morales de cambio.

Como corriente económica rescata la diversidad de lógicas y de mercados presentes en la región tales como la reciprocidad y el trueque. El bienestar no queda limitado a una categoría economicista, utilitarista, material o individual (no se trata de terner más bienes materiales pues éstos no son considerados la verdadera riqueza humana), sino que adquiere una connotación colectiva-solidaria, espiritual y ecológica.

El proyecto del Buen Vivir, valora el papel protagónico a los sectores tradicionalmente marginados y excluidos por la dinámica social (campesinos, indígenas, pobres urbanos, mujeres, etc.) por lo tanto, exige de nosotros un replanteamiento de aquellos conceptos tan usados como el de ciudadanía y justicia, reincorporando elementos que nos permitan vivir en diversidad y equidad de condiciones.

Por lo tanto, una alternativa al desarrollo exige una salida del razonamiento cultural vigente. Estaría imperiosamente basado en un diálogo intercultural, respetando formas de organización independientes, y con mirada de género. Así pues, el Buen Vivir, permite salir de la lógica de colonización que se sigue reproduciendo, caminar hacia estados plurinacionales, respetando tanto derechos como diferencias, valorando la autodeterminación de los pueblos indígenas sobre sus territorios, el pluralismo jurídico, el rechazo al desarrollismo/extractivismo, el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra, son elementos constitutivos de una profunda transformación de la matriz económico-productiva y de la superestructura de conocimientos homogéneos.

Para poder cambiar el modelo económico y filosófico de comportamientos es necesaria la atención de los procesos naturales y discutir las maneras de satisfacción de necesidades, por lo tanto es necesario deconstruir y reconstruir el sistema de producción mercantil, este proceso no puede darse sin el respeto a los ciclos ecológicos de la Naturaleza, que incluya al mismo tiempo una re-territorialización de las culturas, que son la base fundamental del “Buen Vivir.”

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